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Cambiando el rumbo: cambiar de vida es fácil si sabes como hacerlo

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Herramientas para el cambio

Herramientas para el cambio

El principal impedimento para el cambio es el miedo. Por suerte, igual que existen terapias que permiten perder el miedo a subir en avión o a hablar en público, hay herramientas que nos pueden ayudar a tener la predisposición necesaria no sólo para querer cambiar sino para hacerlo. Son herramientas que se traducen en trucos, ejercicios o, sobre todo, actitudes que nos harán superar el miedo a lo desconocido, a cambiar. Veamos algunas de estas pistas que nos pueden guiar hacia una vida nueva.

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Una de las principales cuestiones que hay que entender para poder encaminarse hacia el cambio de rumbo es el concepto de “zona de confort”. Salir de la zona de confort equivale a lanzarse a lo desconocido y romper con ciertos condicionamientos que ni siquiera sabíamos que teníamos. Un ejemplo es la creencia generalizada de que es inútil perseguir los sueños; de niños creemos que podemos ser astronautas o bailarinas, que podemos hacer cualquier cosa, pero con los años esos pensamientos se van perdiendo por el camino. El paso más necesario que hay que dar para cambiar nuestras vidas a mejor es salir de la zona de confort.

Dejar atrás nuestra zona de confort no es un trabajo que se pueda hacer de la noche a la mañana; se requiere cierto tiempo para deshacer todas esas creencias que nos han estado inculcando a lo largo de los años. Para llevar a cabo este proceso de re-educación, hay que aprender a controlar y potenciar nuestra mente y nuestras emociones.

Un cerebro sano es la mejor arma para cambiar nuestras vidas. Aprender a seleccionar los pensamientos que más nos convienen y potenciar las facultades mentales, nos servirá para poder alcanzar aquellos objetivos que nos propongamos. Saber gestionar los problemas o el fracaso, o tener la capacidad de tomar las decisiones adecuadas, es fundamental para iniciar el camino en la dirección adecuada.

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Para tener un cerebro mejor hay que entrenarlo, igual que hacemos con el cuerpo. Igual que el ejercicio físico tiene una relación directa en una mejora de nuestra salud y posibilidades físicas, realizar actividades mentales incrementará nuestra capacidad de análisis, razonamiento o resolución de problemas.

La meditación es una práctica que cada vez se conoce más en Occidente y más personas abrazan para mejorar su capacidad de concentración y control emocional.

Existen también fórmulas más propias de nuestra tradición como es el juego. Estimulamos a nuestros hijos con juegos durante la infancia pero dejamos de jugar en la edad adulta, lo cual es un error.  El ajedrez o el Texas Hold”em, una forma de póquer que combina el cálculo con la psicología, son prácticas que nos ayudarán a mejorar la parte racional y emocional de nuestro cerebro.

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Otra actividad que nos puede ayudar a poner en forma a nuestra mente es el arte. Por lo general tenemos el lado derecho del cerebro bastante atrofiado, lo que nos puede impedir desarrollar nuestra creatividad o ser innovadores, cualidades que necesitamos para el cambio.

Realizar actividades plásticas, ya sea pintura, dibujo o construcciones, o simplemente escuchar música, “ataca” nuestro lado derecho del cerebro y le impide quedarse dormido.

Además de trabajar con nuestro cerebro, debemos asegurarnos de compartir nuestros progresos con los demás. Debemos transmitir lo mejor de nosotros mismos para que se produzca una relación positiva de reciprocidad con los que nos rodean.

La empatía, la gratitud o saber reconocer los méritos de los demás tienen que reemplazar a la envidia y el compararse con otros. Suena obvio pero nadie es mejor que nadie y no creer firmemente en esta afirmación es como no creer en nosotros mismos y nuestras posibilidades.

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Algunos ejercicios ayudan a tener la actitud adecuada con nuestro entorno. En nuestro trabajo y en nuestro hogar debemos preocuparnos por convertir el espacio en un lugar agradable. Al fin y al cabo, como dice el refrán, “home is where the heart is”, cualquier sitio puede ser tu hogar si lo sientes como tal.

Preocúpate por el espacio que te rodea y también por las personas que están cerca de ti. Estudiar su lenguaje corporal te ayudará a entenderles mejor, saber qué necesitan más allá de las palabras. A veces vamos demasiado rápido en esa zona de confort de la que hablábamos y no nos paramos a observar. Se puede obtener mucha información útil de los demás y también de nosotros mismos si paramos un poco.

Dedica al menos 10 minutos al día a tener plena conciencia de lo que haces; si estás desayunando, concéntrate en el café con leche o en el sabor de las tostadas y no pienses en nada más. Otro ejercicio de concentración es no pensar en nada; quédate mirando una lámpara del salón o mira al cielo por la ventana, intenta quedarte en blanco y verás que cuando vuelvas a la “realidad” tienes otra perspectiva de las cosas.

Aprender a centrarse en lo que nos interesa es fundamental para poder alcanzar nuestros objetivos. Hay que plantearse pequeñas metas alcanzables que nos lleven a nuestro objetivo principal. Anota tus objetivos en un papel y recurre a él con frecuencia para ver si los estás logrando o si necesitas un nuevo impulso.

El cambio de vida se alcanza paso a paso, desde nuestro interior hasta nuestra relación con lo que nos rodea, para poder tener así la actitud que nos permita salir de esa zona de confort maldita.